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Profesionales de Aldao y su lucha contra la aftosa

A mediados del año 1971, en un período no mayor a 30 días, los ganaderos y tamberos de Aldao se vieron imprevistamente atacados por una epizootia de aftosa que diezmó sus planteles. Aproximadamente 105 animales, en su gran mayoría terneros y destetes sucumbieron ante la fuerza del mal que, en un primer momento desconcertó a profesionales locales y de SELSA.

La magnitud del foco epidémico llegó en cierto momento a comprometer seriamente el patrimonio de los productores de la zona, ya que la lógica demora que media entre el envío de materias para su análisis y su resultado, nunca mayor a cinco días, era un plazo demasiado prolongado dado la gravedad del caso.

Ante ello, el Dr. Yoffré Cárdenas Vásquez enfrascado en la preocupación que originaba el mal, realizó sus propias investigaciones contando con la colaboración del doctor Giménez Grotter, de SELSA Rafaela. El resultado de las mismas determinó la confirmación poco alentadora de lo que se presumía desde el primer instante: aftosa cardíaca.

Producida la misma por la mutación del virus O (01), el trabajo de vacunación no podía frenar de ninguna manera la mortandad. Era necesario localizar el microbio y producir el suero que permitiera la lucha.

Realiza entonces el Dr. Cárdenas Vásquez un ensayo, esta vez solicitando los servicios del Dr. Juan Luis Culasso quien, en menos de 24 horas, prepara el suero que en la práctica resultaría el remedio que puso freno a la muerte bovina en cadena.

A continuación reproducimos un artículo publicado en La Opinión de Rafaela el jueves 16 de septiembre de 1971, que nos acercara el Dr. Cárdenas:

El negro comienzo

Son las 14 del martes último y el Dr. Cárdenas Vázquez es continuamente requerido por productores que necesitan sus servicios ante los embates, afortunadamente postreros, de una epidemia de aftosa en la localidad. Muy afablemente pese a su apuro brindó unos minutos a LA OPINION. Sus primeras palabras demuestran el enorme alivio que significa el haber encontrado un principio de solución al grave problema.

“Podemos adelantar que la epizootia ya ha sido controlada. Pero sus alcances podrían haber sido incalculables y nefastos para la ganadería, no solo de la zona, sino de la provincia. El desconocimiento en un principio del mal -agrega- puso muy negro el panorama. Aquí me venían a consultar productores presa de la desesperación. Y no era para menos. Se les morían animales en forma continua y en escaso término de horas. “Caían como moscas” me expresaban algunos”. Una pausa para el cigarrillo y el competente médico veterinario con tres años de residencia en Aldao prosigue su relato.

“Cuando llegué al campo de mis clientes, realmente me impresionó el espectáculo. Animales muertos por doquier y el drama se repetía en casi la mayoría de los ganaderos y tamberos. Ese primer día conté hasta 48 víctimas fatales y había más del doblé en grave estado.

Pensando en los que debían estar atacados o contaminados, me di cuenta de que lo que pasaba era más que una aftosa común. Hice la necropsia de varios y dictaminé aftosa cardíaca. Lo grave de ello si estaba acertado -aclara- era que no había vacuna, ni terapéutica posible”.

Nuestra pregunta fue casi obligada:

¿Cómo encaró el problema entonces?

“En un primer momento me desorientó. Hasta rogué que estuviera equivocado en mi diagnóstico. Ud. no sabe lo terrible que es la aftosa cardíaca; mata en contadas horas y como le dije no hay otro remidió contra el virus que el suero y para ello había que descubrir de cuál se trataba entre 130 especies distintas”.

¿Cuál era ese virus?

“Mi dictamen de aftosa cardiaca, en momentos en que no estaban aún los resultados de los análisis, me obligó a denunciar el caso a SELSA en Rafaela. De inmediato se hizo presente personal de la repartición con su jefe a la cabeza, el doctor Giménez Grotter, quienes recogieron materias para su remisión a Buenos Aires. Quiero aquí destacar –insiste Cárdenas Vásquez- la colaboración y predisposición de SELSA en la epizootia. Como así la rapidez con que se realizaron los análisis. Me di cuenta que el mal podía provenir del virus O, existente en la zona, y en mutación aprovechando el estado deficiente de la hacienda, tras la sequía, transformándose en 0-1 y causante de mortandad”.

¿Si no existían remedios, como controló el mal?

“Me jugué una corazonada -confiesa- y para suerte mía y de los hombres del quehacer pecuario, acerté. Para ello fue necesaria la colaboración inestimable de los propios afectados y del doctor Juan Luis Culasso. Como ya dije se habían agotado todos los recursos terapéuticos y la epidemia no aflojaba. Entonces era necesaria la preparación de un suero. Lo único que combate con éxito al virus. Pero no sabíamos con certeza de cual se trataba”.

¿Cómo procede entonces?

Insistió que todo fue acompañado por una fortuna poco común. “Al hablar con los productores y al ponerlos en conocimiento de la gravedad del caso, incurable de esos momentos, les dije que quería probar con un suero. Para eso necesitaba de un animal que había padecido el mal y sobrevivido.

Localizamos un toro, que dado su fortaleza había resistido el embate de la aftosa cardíaca. Le extraje sangre y se la llevé al doctor Juan (como llama al doctor Culasso) y le solicité ensayara la preparación de un suero. Me habló de lo difícil del trabajo y de los riegos. Insistí. No quedaba otro camino. Todo o nada”

Una pausa para atender a otros clientes que solicitan su presencia y luego prosigue:

“Este suero denominado “de convaleciente de aftosa”, se logró tras un concienzudo trabajo de laboratorio, y con la aceptación de los dueños de animales gravemente afectados, lo inoculé. Dejé en la oportunidad severa consigna: si se morían, inmediatamente se me debía avisar, igualmente si experimentaban mejoría.

Esto iba a ser la única carta jugada en tan difícil situación. Al día siguiente seguían llegando a mi casa ganaderos que veían “caer como moscas” sus animales, todos estaban desesperados”.

El éxito

“Junto con damnificados -sigue relatando el profesional- fuimos a ver los terneros inyectados el día anterior. Casi enloquecimos de alegría: se encontraban pastando. Habíamos dado en la tecla”.

¿Todo solucionado entonces?

“No –dice tajante- si bien neutralizamos el virus, lo difícil era encontrar el dador de la sangre para preparar el suero. Este debía ser un animal que haya tenido el mal, lógicamente sobrevivido y a no menos de quince días de su restablecimiento. Además encontrarse en condiciones sanitarias óptimas. Los riesgos extras son muchos.

Afortunadamente localizamos dos en forma y el doctor Juan continuó su invalorable trabajo”.

¿Qué dosis inyectaban?

“Inoculé 1/2 centímetro cúbico por kilo de peso, intramuscular. En total a unos 35 animales muy graves. Menos uno todos sobrevivieron al experimento”, termina sonriendo.

¿Qué pasó después?

“Conseguido el freno a la mortandad, solo nos restaba esperar el resultado del análisis, por las vacunas. Este llego muy rápidamente y SELSA inició una rápida vacunación del anillo. Así se logró evitar la expansión, que habría sido catastrófica. En estos momentos once agentes de esa repartición continúan su trabajo preventivo”.

Aquí termina nuestra entrevista. No queremos que siga perdiendo más tiempo. Muchos hombres lo reclaman para que vea sus vacunos y si es necesario que inyecte su suero. Nos despedimos de este profesional que en cierta manera ha salvado la ganadería de la zona, secundado por otros conscientes hombres del medio. En eso está lo destacable.

Seguimos nuestra recorrida por diversos lugares donde la epizootia hizo sus estragos. Las pérdidas son importantes, no obstante se observan los signos del alivio que significa el problema superado.

Todos han colaborado y todos quieren seguir coadyuvando. Por ejemplo los hermanos Hugo y Eldo Bonafede saben que tienen dos animales en condiciones de ser dadores. Lo ofrecen espontáneamente: “Lo importante es impedir más muertes” -dicen- sin mayores explicaciones. Como ellos muchos otros. Una vez más la unión hizo la fuerza.

Yoffré Cárdenas Vásquez
Dr. en Ciencias Veterinarias, egresado de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Corrientes. Oriundo de Viraco, Departamento de Arequipa, Perú, ejerce su profesión en Colonia Aldao desde 1967.

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