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El impacto de la calidad educativa en la economía

11 diciembre, 2010 Deja un comentario Go to comments

¿Estamos preparando a nuestros hijos para que puedan procesar adecuadamente la información que abunda? Acaba de conocerse un estudio internacional sobre la calidad educativa en Argentina. El estudio, que cada 3 años es dirigido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, refleja que sobre 65 países analizados, Argentina ocupó el puesto 58, mientras que 3 años atrás estaba en el puesto 53, y su puntaje se redujo de 418 a 398 sobre 1000 puntos máximos. El estudio, sobre alumnos de 15 años, evalúa el grado de comprensión de lectura, matemáticas y ciencias.

¿Cuán relevante es esta información para la economía? Muy importante porque por dos razones el tema educativo pasa a constituir el cuello de botella para el crecimiento argentino de largo plazo. En primer lugar por la revolución tecnológica que estamos viviendo que exige de personas cada vez más capacitadas y, en segundo lugar, por los valores que reciben nuestros hijos en la escuela, valores que definirán la calidad institucional de Argentina y sus posibilidades de crecer.

Respecto al primer punto, el de la revolución tecnológica, sabemos que la incorporación de nueva tecnología determina que el trabajo repetitivo lo hagan las máquinas desplazando mano de obra hacia trabajos cerebro intensivo. Si la máquina hace el trabajo repetitivo, quiere decir que el ser humano tendrá que hacer trabajos con mayor esfuerzo intelectual. De ahí que la calidad de comprensión en la lectura sea un tema más relevante que si los chicos fallaron en matemáticas. Si bien es cierto que esta última ciencia sirve para aprender a razonar, también es cierto que la lectura de un texto implica razonar y comprender lo que quiso transmitir el autor y tener espíritu crítico para acordar o disentir. La filosofía podría ser otra ciencia para enseñar a razonar. La misma historia sirve para ejercitar el análisis más amplio de los hechos. No solo conocer qué sucedió sino comprender porque determinado hecho histórico ocurrió y cuál fue el contexto histórico en que ocurrió.

Unos 40 años atrás el simple trámite de cobrar un cheque implicaba la participación de 3 personas. El cajero, el de la cuenta corriente y si se giraba en descubierto el de un tercer empleado que autorizaba o no el pago. Hoy un solo cajero hace la función de los tres gracias al sistema informático. Es más, los pagos se pueden hacer por Internet transfiriendo dinero de una cuenta a otra sin necesidad de ir al banco.

Imaginemos los diarios a futuro, un tema que tiene hoy un gran debate. La información está disponible en todos lados. En Internet, en la radio, los canales de cable de noticias, la gente recibe las últimas noticias en su celular, entre otras cosas. El diario papel tal cual lo conocemos tiene la fuerte competencia de estos otros medios y las noticias que salen publicadas al día siguiente, en su mayoría, la gente ya las leyó el día anterior en Internet, las vio por televisión o en su celular. En rigor no sabemos cómo serán los diarios en el futuro, pero sí sabemos que la web modifica el modelo de negocio y seguramente su contenido requerirá de más espacio para el valor agregado de la noticia que la noticia en sí misma.

El mismo sector agrícola, que tanto se lo tilda de producción primaria, hoy día tiene una fenomenal tecnología que permite obtener mejores rindes. No solo por la tecnología que tiene incorporada una semilla, sino también por los agroquímicos, las nuevas cosechadoras que van relevando información de los rindes del campo, parcela por parcela, entre otras cosas. Si vamos al sector industrial ocurre lo mismo. Dudo que una fábrica de autos de última generación requiera de la misma cantidad de personal que requería 30 años atrás.

¿Qué ocurre con todos esos puestos de trabajo que van desapareciendo con la nueva tecnología? Son reemplazados por nuevos puestos de trabajo como el desarrollo de programas para las computadoras, la tecnología de comunicaciones que avanza constantemente. Hoy en Argentina debe haber unos 9 millones de teléfonos de línea fija contra 56 millones de celulares. El desarrollo de las comunicaciones y software permitieron crear aulas virtuales que hacen posible la universidad global, con un profesor dando clases en un país y alumnos de diferentes países asistiendo a clases desde sus puestos de trabajo o en sus casas.

La televisión por cable evoluciona constantemente y crea nuevos puestos de trabajo. Lo mismo ocurre con las comunicaciones y la informática. Las compras por Internet requieren de nueva logística. ¿Qué es Amazon sino un gran sistema de logística? Los negocios cambian rápidamente y obliga a modificar la manera de trabajar. Para eso se requiere de gente que esté preparada para adaptarse rápidamente al cambio y a aceptar los desafíos de la libertad. Es más, requiere de gente que sepa anticiparse a los cambios que vienen. Gente que piense y razone y no haga trabajos repetitivos.

Solucionar un problema en una PC requiere de más conocimientos que los que necesitaba quien 30 años atrás hacía el mantenimiento de las máquinas de escribir mecánicas. Sembrar un campo para tener una buena productividad requiere de más conocimientos que 30 años atrás. Una fábrica de pasta de celulosa es manejada desde un salón con infinidad de monitores y con poca gente caminando por la planta. Y así podríamos seguir con los ejemplos.

La pregunta es: ¿Estamos preparando a nuestros hijos para que puedan procesar adecuadamente la información que abunda? ¿Saben reconocer lo importante de lo irrelevante de la información? Si según el estudio mencionado, los chicos tienen baja capacidad de compresión en la lectura, dudo que se los esté preparando para el cambio fenomenal que ha tenido el sistema productivo a partir de la revolución tecnológica. Si esto fuera así, Argentina no podrá ser un país de alta productividad usando la nueva tecnología porque nuestros hijos no tendrán la capacidad de manejar adecuadamente ese nuevo stock de capital. No se trata de simplemente apretar teclas en una computadora, sino de saber qué tecla operar y para qué la apretamos. Lo importante no es tener una computadora, sino saber utilizarla para mejorar la productividad y satisfacer las necesidades de otros, si es que se la usa para trabajar. Si nuestros hijos no están siendo preparados para comprender, tendríamos que limitarnos a utilizar mecanismos de trabajo mano de obra intensiva donde debería haber capital intensivo. Y esto nos condenaría al subdesarrollo permanente. El mundo no va a esperar a que nosotros nos pongamos al día.

El otro punto tiene que ver con los valores que se transmiten en las escuelas, un punto que me parece más preocupante que el anterior. ¿Se les transmite a nuestros hijos que en el futuro deberán esforzarse por ganarse su ingreso o le transmitimos que tiene derecho a que otro los mantengan? ¿Le explicamos por qué Argentina dejó de ser un desierto luego de Caseros para transformarse en un país prospero o en esa parte solo hay un bache deliberado porque está de moda denostar a la generación del 80? ¿Saben quién fue Juan Bautista Alberdi y qué valores quiso transmitir en sus famosas Bases o el inspirador de nuestra constitución de 1853 es un desconocido para los chicos? ¿Le explicamos que una sociedad en la que todos pretenden vivir a costa del otro es una sociedad condenada al conflicto social permanente, a la pobreza y a las aventuras de todo tipo de populismo que somete a la gente con sus promesas imposibles de cumplir? ¿Les enseñamos que se es libre cuando uno asume la búsqueda de la propia felicidad y se es esclavo cuando se espera que papá Estado nos “solucione” todos los problemas? Si todo esto no ocurre y los que pensaron un país con una visión de 20 o 30 años hacia adelante son unos crápulas y los que crearon la cultura de la dádiva son los héroes de nuestra historia, la cultura que imperará se traducirá en la calidad de nuestras instituciones, entendiendo por tales las reglas de juego que deben imperar en el país. Porque la gente seguirá demandando reglas de juego en las que otros los mantengan y el trabajo, el esfuerzo, la aventura de innovar y asumir riesgos será cosa del capitalismo salvaje.

Cuando uno mira la larga decadencia argentina concluye que nuestro sistema educativo viene teniendo problemas desde hace muchas décadas. Finalmente los que han gobernado en el país en las últimas décadas son el producto de un sistema educativo que en algo ha fallado. Caso contrario no puede explicarse tanta mediocridad en buena parte de la dirigencia política. Mediocridad que se traduce en una calidad institucional deplorable con baja inversión, más pobreza e indigencia. El problema es que esos mediocres se mantienen en el poder porque la gente parece demandar sus cantos de sirenas en que la riqueza está y solo hace falta distribuirla con justicia. Una cultura populista en estado químicamente puro.

En definitiva, el dato de la OCDE tal vez no nos aporte nada nuevo de lo mucho que ya sabemos sobre nuestro sistema educativo. Lo preocupante es que refleja que la tendencia continúa en el mismo sentido y esto no solo compromete el futuro económico del país, sino también los grados de libertad individual que tendremos en el futuro. Porque si seguimos enseñando que el demagogo es el gran héroe que entregó su vida por la patria y que está bien vivir a costa de los demás, los capitales seguirán yendo hacia países vecinos, nuestra productividad seguirá bajando y la pobreza abarcará cada vez a más sectores de la sociedad. Sin inversiones, habrá escaso trabajo y mal remunerado, incentivando la mendicidad y abriendo el camino a la droga y su gran negocio. Otro problema para la organización de las instituciones. La experiencia argentina nos indica que la educación es algo muy serio como para seguir dejándola en manos de los burócratas y de los políticos oportunistas, porque a menor calidad educativa más populismo, menos crecimiento, más pobreza y menos libertad individual.

Fuente: Diario La Nación

Por: Roberto Cachanosky

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