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La hazaña de Owen Crippa

22 noviembre, 2010 Deja un comentario Go to comments

Al caer la tarde del 20 de mayo de 1982 los Tenientes de Navío Guillermo Owen Crippa y Horacio Talarico se reúnen con el Capitán de Fragata Oscar Manuel Arce, quien les comunicó que el día siguiente deberían cumplir una misión sobre San Carlos.

La orden consistía en realizar una navegación rasante a través del valle existente entre Puerto Argentino y San Carlos, bordeando para ello las denominadas alturas Rivadavia, una secuencia del cerro que cruza la Isla Soledad en todo su ancho. Utilizaría como referencia, un pequeño valle ubicado en medio de una cadena montañosa previa al brazo del Río San Carlos. Era presumible, por cierta información existente, la intención de los británicos de efectuar un desembarco en esa zona, aunque se ignoraba completamente la magnitud que el mismo podría tener.

El 21 desde muy temprano, los mecánicos estuvieron trabajando en los dos Aermacchi, pero surgieron inconvenientes en el aparato de Talarico. Como era necesario que la misión se llevara a cabo, aún con un sólo avión, se decidió que saliera Crippa, despegando a las 10:04. El aviador naval se aproximó rasante desde el interior de la isla y, al desembocar sobre la bahía, recostada inmóvil sobre la costa de Punta Roca Blanca, en la boca norte del Estrecho de San Carlos, estaba la silueta inequívoca de una fragata Clase 21.

Sabía que con cañones y cohetes no podría hundir ningún buque, pero estaba en condiciones de anular, en gran medida, los sistemas electrónicos con que cuentan las naves de guerra modernas. Eso y dejar fuera de combate al buque era lo mismo. Trató de apuntar al puente de comando y a las antenas, hizo los disparos y levantó la trompa de su avión ante la proximidad de la nave, a lo que cruzó por la popa para volver a pegarse al agua y comenzar las maniobras bruscas de zigzagueo. En ese momento comenzaron a tirarle con cañones desde un transporte de asalto tipo Fearless, que estaba a su izquierda. Al mirar hacia ese buque, vio el fogonazo y el humo característicos que se produce cuando se dispara un misil y de inmediato la estela brillante que iba dejando el proyectil a medida que se aproximaba al avión.

A fin de evitar el impacto Crippa intensificó las maniobras evasivas, pero no tardó en comprender la gravedad de la situación: a medida que avanzaba se encontraba con más y más barcos. Para impedir que le tiraran, recurrió a un arriesgado procedimiento, que consistía en meterse entre medio de los buques, que de este modo dejarían de tirar ante el peligro de impactarse entre ellos. En efecto, los ingleses cesaron el fuego momentáneamente, pero lo reiniciaron una vez que su avión había pasado, tratando de impactarlo mientras se alejaba. Se había metido en la boca del lobo.

Volando a plena potencia y esquivando como podía, tanto a los buques como a las esquirlas que se iban formando a su alrededor, enfilo hacia Punta Federal, con la esperanza de alejarse de las unidades inglesas. Pero se equivocó: al “saltar” un cerro, en lugar de esconderse se encontró de golpe con más barcos, ubicados a su derecha, próximos a la Bahía Ruiz Puente. Repuesto de la sorpresa giró bordeando un cerro, en momentos en que las naves comenzaron a tirarle con artillería. Al pasar el cerro se planchó sobre el piso de un amplio valle que está antes de llegar a Puerto Sussex. En ese instante, un pensamiento se cursó por su mente: “Si voy a Puerto Argentino y digo que hay muchos buques, me van a decir que está bien, que habrá cuatro o cinco. Pero ¿cuántos había en realidad?”

Entonces, elevándose un poco hizo un suave giro hacia la izquierda, regresando hacia el Río San Carlos. Su intención era contar, identificar y ubicar a cada una de las unidades británicas en la carta que llevaba en la rodilla derecha.

Así lo hizo eran nada menos que catorce buques; una cifra que no estaba en sus cálculos y en los de nadie. Para cualquiera, era un disparate concebir la presencia de esa cantidad de naves en una zona tan restringida. Como se estaba acercando demasiado, volvió a girar está vez hacia el sur, y puso rumbo hacia Puerto Argentino. Fue entonces cuando se presentó otro problema: las fuerzas propias desconocían la existencia de la misión, debiendo pegarse todo lo más posible al piso y rogar que la artillería argentina no lo derribara.

A las 10:45 Crippa finalmente aterrizó en Puerto Argentino. La información aportada por el Teniente Crippa fue de fundamental importancia para las acciones futuras emprendidas contra las fuerzas británicas. Ese mismo día, horas después del vuelo sobre San Carlos, aviones de la 2da Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque y de la Fuerza Aérea incursionaron exitosamente sobre los buques enemigos.

Esta incursión, bautismo de fuego para la Fuerza Aérea nacional, es reconocida por el mundo entero como una verdadera hazaña por la implicancia que tuvo dicha acción, ya que permitió contar con detalles hasta el momento desconocidos de la flota inglesa. Destacada además por tratarse de un Aermacchi MB339A enfrentándose a una fragata: la “Argonaut”.

Fuente: http://conflictodemalvinas.blogspot.com

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