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El glifosato en debate

21 noviembre, 2010 Deja un comentario Go to comments

En la Sociedad Rural de Rafaela se desarrolló el pasado 19 de octubre, una jornada informativa sobre fitosanitarios, destinada a autoridades políticas y profesionales por la mañana, y al público en general por la noche, con dos disertaciones de expertos en la materia. Con pruebas en la mano, echaron luz sobre un tema que está en el centro del debate social.

El Ing. Augusto Piazza, docente universitario y representante argentino en las reuniones del Codex mundial, expuso en primer térmico sobra la toxicidad de los agroquímicos, los estudios existentes hasta el momento, y un panorama de cómo el mundo convive con agroquímicos de todo tipo mucho más peligrosos que el mismo glifosato. Luego, fue el turno del Ing. Alberto Etiennot, especialista en la temática, quien ofreció estadísticas sobre intoxicaciones, habló de la problemática de las derivas: mitigación y los antecedentes internacionales sobre la implicancia de los efectos de fumigación según las distancias de aplicación.

En diálogo con Nuestro Agro, el Ing. Etiennot afirmó: “es un tema muy serio que en los últimos tiempos nos preocupa y nos ocupa, y que lamentablemente está confundiendo a la gente y a los productores”. El docente de la UBA también admitió sentir mucha bronca por los escasos fundamentos que sostienen las acusaciones con el sector agropecuario, acusándolo de estar envenenando el medioambiente.

Nuestro Agro (NA) – ¿A qué se debe este estado de confusión?

Alberto Etiennot (AE) – Se está produciendo una terrible confusión a partir de un grupo de gente que está asustando con este tema a toda la sociedad. Este asustar a la gente va cambiando paso a paso. Todo empezó con el reclamo contra Monsanto y el Roundup, hasta que descubrieron que en el país había unas 200 marcas comerciales que tenían como principio activo al glifosato, y entonces empezaron a atacar específicamente al glifosato, y ahora están virando nuevamente y enfocando las críticas directamente a un sistema productivo, como lo es el proceso integral de producción de soja.

NA – ¿Cómo hace un profesional para echar luz en este tema?

AE – Para empezar a entender, hay que decir que no es ni siquiera el SENASA el que determina el grado de toxicidad de los productos, sino la Organización Mundial de la Salud (OMS), un organismo de prestigio internacional al que no se puede menospreciar con tanta ligereza, diciendo que tiene mal catalogado el producto o engañando a la gente diciendo que el glifosato se pasó a una categoría de mayor toxicidad, cuando es exactamente al revés, porque de hecho es uno de los productos que está en el último lugar de los agroquímicos que se comercializan en el país.

NA – ¿Qué grado de verdad manejan estas organizaciones ambientalistas para afirmar tales cosas?

AE – Desconozco cuál es la intencionalidad de este tipo de organizaciones, pero es innegable que están desconociendo al SENASA, al ANMAT, a la OMS, a la FAO, o directamente los están tratando de tontos a todos. En fin, es difícil poder ubicarse en torno a este tema, como decían los griegos, “ubicar la verdad en su justa medida”. Hace poco, mi colega Piazza estuvo en China, participando de una cumbre mundial para el tratamiento de envases de agroquímicos, y se sorprendió porque todos le preguntaban qué pasaba en Argentina con el glifosato, porque es el único país en el mundo donde existe este grado de encarnizamiento en la discusión, con inventos tales como que el producto genera cáncer y malformaciones en las personas. Por ejemplo, todo médico que atiende un caso de intoxicación en el país, está obligado a completar la denominada planilla C3 que cada 15 días se debe elevar al Ministerio de Salud para la confección de estadísticas oficiales. Pues bien, cuando uno consulta estas estadísticas, no entiende por qué en el país existe un alarmismo de esta naturaleza. Debemos manejarnos con datos y documentos ciertos, no con meros cuentos o rumores.

NA – En este sentido desde el Gobierno se ha encargado un estudio sobre el glifosato el año pasado…

AE – Exacto, lo pidió la misma presidenta por decreto y en el mismo se expidieron técnicos del CONICET, médicos, toxicólogos, ingenieros, biólogos, quienes llegaron a la conclusión de que el producto bien usado no representaba problemas para la salud. Otro documento que llega exactamente a las mismas conclusiones, es el que se elaboró desde la Universidad Nacional del Litoral recientemente por pedido de la justicia, en el marco de la causa iniciada en la localidad de San Jorge. Incluso el ministro de Salud [Juan Manzur] hace pocos días afirmó que los casos de San Jorge fueron de irritación dermal y respiratorios pero desde ningún punto de vista eran casos teratogenéticos [de malformaciones] o cancerogenéticos. Por todo esto, las verdades aparecen y las mentiras se van cayendo.

Derrumbando mitos

EL Ing. Augusto Piazza es docente de Sanidad y Calidad Vegetal, y de Toxicología en Alimentos, de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y único agrónomo asesor técnico de la delegación argentina que participa en las reuniones del CODEX Alimentario a nivel mundial, lo cual “no sólo es un privilegio sino una enorme responsabilidad porque me toca impartir criterios acerca de la toxicología de los alimentos que Argentina exporta al mundo”, enfatizó.

NA – Como experto en el tema, ¿siente que hay una manipulación informativa en torno a los agroquímicos?

Augusto Piazza (AP) – Lo primero que debe preguntarse es por qué hay gente que se ensaña con una sola empresa [Monsanto], cuando en Argentina hay más de 10 empresas que traen el principio activo, incluso hay una marca nacional que lo produce, y en segundo lugar se toman como aportes científicos verdades de Perogrullo. Por ejemplo, lo del profesor Carrasco [autor de un polémico y desacreditado estudio sobre embriones en desmedro del glifosato], demostrar que si se agrega cualquier sustancia adentro de un embrión le va a provocar un problema, es algo que todo el mundo sabe. Incluso él reconoce que usó como marcador al glifosato, admitiendo que se pudo haber utilizado cualquier otro; el mismo ministro [Lino] Barañao dijo que se pudo haber usado lavandina y pasaba lo mismo. Es decir, no demostró nada que científicamente la comunidad local o internacional no sepa. Otro error grave de ese estudio fue trasladar a un humano los resultados de un estudio hecho en un batracio.

NA – ¿Igualmente se cita ese trabajo como una investigación del CONICET y se la reconoce como una investigación publicada?

AP – No. En absoluto. El CONICET no hace constar ese estudio como propio y respecto a la publicación, fue hecha por una revista científica sin referato, sin un jurado que aprueba la metodología y que dicta que los resultados son adecuados.

NA – La UNL en un reciente trabajo recomendó que se siga investigando al respecto porque, si bien reconocen que el glifosato bien utilizado no representa serios riesgos para la salud humana, hay todavía muy poca información disponible. ¿Qué opina usted?
AP – Estoy de acuerdo. Como también hay que seguir investigando los medicamentos, los cosméticos, qué pasa con las napas, con la extracción de los metales preciosos, claro que los estudios tienen que seguir porque está en la génesis misma de la ciencia. Hace 20 años no sabíamos muchas cosas que hoy sí conocemos. Y por otra parte, no se trata de negar la toxicidad del producto. No es leche maternizada ni agua bendita. El glifosato no es inocuo porque ningún agroquímico lo es. Yo hago la comparación con un arma. El policía la tiene para mantener el orden y el delincuente para provocar el caos. El mismo objeto es utilizado para fines distintos. O un martillo, el cual sirve para clavar un clavo pero también puede matar a una persona. No hay que prohibirlo, sino determinar su función. El agroquímico tiene una función, al igual que el martillo, los medicamentos, etc. Hay que usarlos en la dosis correcta, en el momento adecuado y para la función que fueron creados.

NA – ¿Cree que hace falta más capacitación al respecto?

AP – Por supuesto, pero no sólo debe estar orientada al dueño de la pulverizadora sino al muchacho que se sube a la maquinaria para hacer la aplicación. No solamente se deben inscribir los aeroaplicadores y autopropulsados, sino también a los productores que tienen una pulverizadora de arrastre. Incluso habría que tomar exámenes a quienes están involucrados en la manipulación de los productos. Yo soy docente y siempre digo que así como no me sirve el que molesta en clase, tampoco es bueno el ladrillo que está en el banco y no aprende nada. lo ideal sería que cuando salen de la capacitación, los operarios sepan al menos calcular una dosis. Se podrían exigir credenciales desde los municipios, o que cuando se hagan aplicaciones en el ejido urbano haya un Ingeniero presente, porque si empezamos a prohibir, entonces ni en plazas o parques vamos a poder fumigar cuando es necesario.

NA – ¿Qué papel juega la tecnología en el uso de los productos?

AP – Hoy en día existen excelentes aparatos equipados con picos antideriva, con los GPS y los banderilleros satelitales, con productos que evitan la deriva, que conforman un paquete tecnológico para hacer una correcta aplicación sin inconvenientes. Incluso mi colega Etiennot tiene estudios realizados sobre aplicaciones de hasta 2 metros del ejido urbano sin complicaciones. Y lo fundamental en todo esto, es el control. Los argentinos tenemos ese problema: si no nos controlan nos vamos de cauce. Un buen ejemplo es el cinturón de seguridad.

Fuente: Revista Nuestro Agro.

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Categorías:Opinión, Salud & Ambiente
  1. 2 julio, 2011 en 20:08

    Muy bueno el debate. Creo que tanto se hablo del tema que hasta me prohibí a mi mismo el consumo de soja. Como dice el señor no hay control ni tampoco tanto estudio pero si un mercado que demanda la producción de soja constantemente.

  2. Luis
    21 marzo, 2013 en 16:19

    Otro “Profesional” cooptado y comprado por una multinacional. Busquen el blog de ANDRÉS CARRASCO investigador del CONICET.

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