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Una vuelta por Indianápolis

Indianápolis, Chicago y Miami, fueron las ciudades que pudo visitar un grupo de turistas de la región durante un reciente viaje a los Estados Unidos, convocados por un acontecimiento deportivo de excepción: las tradicionales 500 Millas de Indianápolis. Enrique Bacci, vecino de Colonia Aldao, formó parte de este contingente.

En la ciudad de Indianápolis de poco menos de un millón de habitantes y capital del Estado de Indiana, el deporte motor es uno de los preferidos. Así lo refleja el impresionante poder de convocatoria de las 500 Millas, un fenómeno que se repite en cada visita de la categoría Nascar -la más popular de los Estados Unidos- y que también se advertía cuando el mismo escenario recibía a la Fórmula 1 y al Campeonato Mundial de Motociclismo.

Pero los indianos -así se los identifica a los naturales de la ciudad- también sienten verdadera pasión por otras disciplinas, en particular, el básquetbol, en el que están representados por Indiana Pacers en la Liga Profesional (NBA).

El equipo, que nunca pudo inscribir su nombre como ganador del mítico anillo, es seguido con un especial fervor por los aficionados locales en el imponente Conseco Fieldhouse, un estadio que tiene capacidad para 18.345 personas y que también es utilizado para el desarrollo de partidos de hockey sobre hielo, aunque en ese caso, reduce sus comodidades a 14.400 asientos.

El lunes posterior a la competencia automovilística, le otorgó al contingente una opción muy tentadora y definitivamente atrapante: la visita a la ciudad de Chicago, bien llamada “Ciudad de los Rascacielos” donde se encuentran cuatro de los cinco edificios de mayor altura de losEstados Unidos, entre ellos, la Tower Sears, de interminables 442,3 metros.

Chicago se distingue, además, por ser la ciudad natal del presidente Barack Obama, y, en lo deportivo, la cuna del mejor basquetbolista de la historia: Michael Jordan.

La última etapa de la experiencia llevó al grupo a Miami, un verdadero paraíso en la Florida, donde los hispanoparlantes constituyen una inmensa mayoría.

Centro Espacial Kennedy – Cabo Cañaveral

Mientras el contingente recorría la ciudad de Chicago, Enrique Bacci optó por visitar el Centro Espacial Kennedy, ubicado a 60 kms. de Orlando, Florida, que ofrece en detalle lo que es y ha sido durante 50 años la exploración espacial.

Sobre el Cabo Cañaveral, una vasta península con acceso restringido al público, se encuentran el puerto espacial y los establecimientos para lanzamientos de la NASA.

El Complejo para Visitantes del Centro Espacial Kennedy, justo en las afueras del cabo está abierto al público todos los días (salvo el 25 de diciembre y algunos días de lanzamiento) desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde.

A intervalos frecuentes, salen ómnibus del centro de visitantes que lo llevan a ver un gran edificio de ensamblaje de vehículos donde los gigantescos cohetes son completamente ensamblados antes de su lanzamiento; unas inmensas plataformas “orugas” que trasladan los cohetes una vez ensamblados por una distancia de varias millas hasta el sitio de lanzamiento; y una de las plataformas de lanzamiento.

El complejo para visitantes ofrece, también, el nuevo Shuttle Launch Experience, donde descubrirá las imágenes, los sonidos y las sensaciones de un lanzamiento en transbordador espacial. Puede recorrer el Rocket Garden, jardín de cohetes de diversas épocas, tener encuentros con astronautas, y visitar el Salón de la Fama de Astronautas (U.S. Astronaut Hall of Fame), que presenta la mayor colección de recuerdos personales de los astronautas, además de fascinantes simuladores, muestras y homenajes a los héroes del Mercury, del Gemini, del Apolo y de los programas del Transbordador Espacial.

Las 500 millas de Indianápolis

El Indianápolis Motor Speedway, organiza un espectáculo que comienza mucho antes de la actividad en pista y que los estadounidenses viven con particular intensidad en las jornadas previas al día en que se encienden los motores.

Las 500 Millas de Indianápolis, es una prueba que comenzó a disputarse en 1911 y que mantiene intacta su vigencia.

El trazado del Indianápolis Motor Speedway, similar a un óvalo, pero con marcadas alteraciones en sus cabeceras, permite alcanzar velocidades escalofriantes, señalándose promedios cercanos a los 400 kilómetros.

Su cuerda es de 4.024 metros y el tiempo que emplean las máquinas de la categoría Indy Car para completar un giro está en el orden de los 40 segundos.

Dispone de comodidades para albergar a unos 400.000 espectadores, distribuidos en las gradas existentes en la recta principal y en la opuesta. La mayor concurrencia se registra frente a la zona de pits, donde se genera un movimiento frenético como consecuencia de los reiterados ingresos de los monoplazas.

El reaprovisionamiento de combustible y el reemplazo de neumáticos pueden ser determinantes en el resultado de la competencia, al margen de la estrategia que pueda diagramar cada equipo. La calle de boxes tiene dimensiones generosas, pero en determinadas circunstancias el tránsito alcanza un nivel de congestión tan significativo, que obliga a realizar maniobras extremas.

En los garajes, el orden y la pulcritud son dos aspectos que saltan a la vista. Los mecánicos desarrollan su actividad específica con una libertad plena y sin misterios. Es una manera explícita de reconocer que en la parte técnica las “recetas mágicas” no existen. Menos aún, en una categoría donde los chasis (Dallara), los motores (Honda) y los neumáticos (Firestone) son monomarcas

La impactante Sala de Prensa (la Pagoda situada al costado de la pista), recibió a unos doscientos enviados, procedentes de varios países. Los brasileños marcaron una fuerte presencia, en una relación directamente proporcional a la cantidad de pilotos que estuvieron representando a ese país en las 500 Millas

Otro párrafo destacado merece el Hall de la Fama, el museo del Indianápolis Motor Speedway, un amplio espacio físico que habitan vehículos de competición de los más variados y sorprendentes diseños técnicos.

Las máquinas que se impusieron en las diferentes ediciones de las 500 Millas, reflejan con una fidelidad asombrosa la constante evolución tecnológica que se puso de manifiesto en el apasionante mundo del automovilismo deportivo.

Otros autos con historia, como el Mercedes Benz -“Flecha de Plata”- que condujo Juan Manuel Fangio en la F-1 o el más moderno Benetton que le dio el primero de sus siete títulos mundiales a Michael Schumacher, también forman parte de esa apasionante muestra estática.

Dos tiendas, separadas por el pasillo de ingreso al Hall de la Fama, ofrecen todos los recuerdos que uno se pueda imaginar de ese Templo de la Velocidad, como para exhibir a modo de irrefutable testimonio que en alguna oportunidad estuvo en Indianápolis.

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