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236 chicos perdidos son buscados por Missing Children Argentina

En diálogo con Diario UNO de Santa Fe, Lidia Grichener, presidenta de Missing Children Argentina, analizó el caso de Matías Causso y destacó la solidaridad y el compromiso de los ciudadanos argentinos.

Missing Children Argentina fue la institución que difundió, a nivel nacional e internacional, la foto que permitió encontrar a Matías Causso, el adolescente santafesino que estuvo ocho meses sin dar señales de vida. También, fue la organización que recibió el aviso telefónico acerca del paradero del joven florista y lo transmitió a las autoridades competentes y a los familiares. En diálogo con Diario UNO, la presidenta de Missing Children, Lidia Grichener, brindó su parecer acerca del accionar de la Justicia en este caso y dio detalles en relación a la cantidad de chicos argentinos que aún se encuentran perdidos.

—¿Qué le generan casos como el de Matías, en los cuales el final de la búsqueda es positivo?
—La realidad es que para nosotros todos los casos son importantes. A veces nos piden estadísticas y nosotros las brindamos, porque creemos que la gente necesita saber cuántos chicos está buscando en este momento Missing Children y necesita saber también que los chicos son encontrados y algunos, esperemos que la mayoría, con finales felices. El de Matías fue un final feliz por varios motivos. Uno de ellos es que la Justicia actuó correctamente, el juez se comprometió, permitió que los tíos se hagan cargo si él no quería volver a su casa. Eso es importante, que todos trabajemos pensando en el interés del niño. A veces uno se pregunta qué pasa en los regresos a las casas y es un tema que nos preocupa mucho desde Missing Children, porque si el chico se fue por un motivo que luego no se resuelve tememos que se vuelva a ir. Nos encantaría saber qué pasa con cada uno de los cinco mil chicos que Missing Children ayudó a encontrar, aunque nuestra misión hoy es colaborar para encontrar a los 236 chicos que en este momento estamos buscando.

—¿Qué semejanzas encuentra en los chicos que busca Missing Children?
—Depende de las edades. Cuando son los más chiquitos, en la gran mayoría se trata con sustracciones entre los padres. Son papás que, ante un divorcio conflictivo, uno de los dos toma a los chicos y se los lleva. Hay gente que todavía piensa que si están con la madre o con el padre no son chicos perdidos, pero nosotros nos preguntamos: ¿Qué pasa con el papá o la mamá que no sabe dónde está ese chico, que no puede abrazarlo, ni saber si come, si va a la escuela? En esos casos a veces pasan muchos años. Lucas, por ejemplo, apareció después de siete años que su papá lo buscaba.

—¿Qué pasa con los casos de adolescentes?
—Cuando son chicos un poco más grandes, como Matías, a veces toman la decisión de irse por situaciones muy conflictivas; pero en otras no. Hay ocasiones que son propias de la adolescencia, no quieren las reglas, no los dejaron salir a bailar, les fue mal en la escuela. Cada vez más chicos toman esas decisiones. Antes hablábamos de adolescentes de 15 años, hoy vemos que la edad en que toman esas decisiones va bajando. Los casos de conflictos en la familia son factores determinantes también para que el chico tome la determinación de irse: cuando no es escuchado, cuando hay abusos o violencia. También hay casos de adolescentes mujeres vinculados con internet, que es una herramienta maravillosa, pero hay que ser responsables en su uso. No hay que aceptar invitaciones de desconocidos, si ofrecen un trabajo no hay que acudir a una cita sin tener la certeza de saber con quién se habla del otro lado.

—¿La gente presta atención a las caras que se difunden?
—La verdad es que el argentino es un ser solidario por naturaleza. Lo vemos cotidianamente. Por ejemplo, siempre decimos que no hay que reenviar las cadenas de mails, porque a veces se trata de chicos que aparecieron hace mucho tiempo; y la gente de todas maneras se comunica para saber si conocemos la información y prefiere enviárnoslo. Por otro lado, a Matías lo vieron en Mar del Plata, en Buenos Aires, en distintos lugares: no importa el error, lo que importa es que la gente mire, que se fije. Pensamos que en el caso de Matías se confundieron con otro chico que sí estaba en Mar del Plata, porque tienen rostros parecidos. Ese chico sí apareció en esa ciudad y en estos días. Por eso pensamos que los avisos que teníamos quizás eran por este chico y no por Matías. Pero la gente mira, se compromete, llama y ofrece inclusive una revista barrial para publicar fotos. Creo que todos vamos aprendiendo hoy. Desde la policía incluso que ya no dice más que hay que esperar 24 o 48 horas para tomar la denuncia. Las primeras horas, las pistas iniciales, son fundamentales.

—¿Qué les genera ver las caras de tantos chicos perdidos, muchos de ellos muy pequeños?
—Los domingos mandamos las fotos a los medios para que tengan el material para publicar durante la semana. Ahí hay más de 200 rostros y uno los quiere mandar todos. En un periódico va una foto, en otros van tres, en la factura de un servicio va otra. Cuesta muchísimo, porque uno quisiera que salgan todos permanentemente en todos lados para facilitar su encuentro. Uno va conociendo cada historia, familias, nombres de pila de los hermanos y los padres. Cuando aparecen bien es una gloria y cuando lamentablemente aparecen sin vida sufrimos muchísimo. Hay momentos en que uno piensa que ya no tiene ganas de seguir, porque es tanto el dolor que provoca a veces, pero inmediatamente hay una nueva llamada y uno dice “no, hay otros chicos que necesitan ayuda”.

—¿Cuánto hace que trabaja usted con Missing Children?
—(Se ríe)… Tantos que ya ni recuerdo. Para mí es como que trabajé siempre, como si lo hubiera hecho desde que nací. Es algo que hacemos con mucho amor. Es difícil definir lo que uno siente. Ser voluntario de Missing Children es complicado para explicar, porque no existe horario y nunca hay un fin, ya que estamos siempre conectados. Igual seguimos con nuestra vida familiar, hijos, nietos, sobrinos, deportes, esparcimiento; pero uno está siempre pensando en cómo hacer para ayudar un poquito más.

Fuente: Diario UNO de Santa Fe. 22 de agosto de 2010.

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